Manifiesto – Magna Carta de jóvenes en la escuela de la esperanza

Introducción

Esta “Magna Charta de jóvenes en la escuela de la esperanza” recoge el trabajo realizado por miles de jóvenes involucrados en el Parlamento Universal de la Juventud (PUJ), un foro mundial de diálogo creado por Fernando Rielo Pardal (1923-2004) y promovido por la Juventud Idente Internacional.
Se trata de la profundización sobre uno de los diez puntos -el de las Relaciones Educativas- de la “Carta Magna de valores para una nueva civilización”, aprobada por el PUJ en la Sede de la Organización de las Naciones Unidas en Nueva York en agosto del 2010. En futuras ediciones del PUJ seguiremos profundizando sobre otros puntos de la Carta Magna.
Este manifiesto sobre la Educación es el resultado de tres años de trabajo, culminado con una sesión internacional celebrada en Berlín del 9 al 15 de agosto de 2014. El documento final  fue presentado públicamente el día 14 de agosto ante autoridades civiles y eclesiásticas en la Universidad Humboldt (Berlín). Su intención es servir de inspiración para todos aquellos actores implicados en la educación.

Proemio

A vosotros, nuestros padres…

… porque vuestro compromiso es el más exigente de la vida; porque ocuparse de un ser humano, que nace y crece, produce una satisfacción única; por no tener miedo de ejercer vuestro papel con firmeza y al mismo tiempo con ternura y respeto a nuestra libertad; porque algunos de nosotros entendemos demasiado tarde el gran valor de vuestra paternidad y maternidad y porque nadie puede reemplazar vuestro papel en nuestras vidas. En vuestros brazos nos hemos formado como personas; nos habéis ayudado a crecer en espíritu crítico, a buscar algo más y a formar nuestro futuro. Queremos expresar en esta carta nuestra gratitud y deseo de mantener con vosotros un diálogo sincero.

A vosotros, maestros, educadores…

… porque tenéis una tarea noble y sois como alfareros para nosotros; nos habéis ayudado a descubrir nuestra misión, nos habéis enseñado el valor de muchas cosas que hubiéramos tardado bastante en aprender. Sois un modelo de conducta, nos habéis dedicado tiempo extra cuando lo hemos necesitado, habéis intentado sacar lo mejor de nosotros y os habéis interesado por nuestra manera de pensar. Queremos que esta carta os ayude a recobrar fuerzas, ilusión, el gusto por estar al lado de un ser humano que aprende, que sale de sus dificultades. Queremos que tengáis paz, porque somos conscientes de que aunque el que educa pueda equivocarse, esto no impide que lo más importante sea transmitido.

A ti, amada Sociedad…

… porque no dejas de buscar la verdad. Deseamos que no renuncies a dar un sentido a tu existencia, a preguntarte por la existencia de Dios, a buscar respuestas, a buscar paradigmas distintos al consumismo y la competitividad. Que tu motor sea la solidaridad que nos haga crecer juntos hacia un bien compartido. Te escribimos esta carta aun siendo jóvenes, no tenemos mucha experiencia, pero encontramos en ti personas con un potencial humano inmenso y con ellas queremos sembrar una civilización diferente de la actual. Que esta carta te ayude tomar las riendas de tu destino.

A vosotros, políticos y gobernantes del mundo…

… porque es necesario el ejercicio del gobierno; porque dependemos de vuestro buen uso del poder y las vidas de muchos están en vuestras manos. Nos sentimos impotentes delante del panorama que deseamos transformar y queremos confiar en vuestro coraje e integridad. Esperamos que esta carta os ayude a identificaros más con el pueblo que representáis y comprometeros con vuestro legado histórico. El tiempo para cambiar y actuar es ahora.

A vosotros, responsables y usuarios de los medios de comunicación…

… porque es admirable la misión que tenéis para el desarrollo de la sociedad tan apoyada sobre la información. Tenéis en vuestras manos el poder de mostrarnos el bien y no solo el mal, de darnos vías alternativas, buenos modelos, historias ejemplares que puedan ayudar a aquellos que están en necesidad, a mostrarnos soluciones y no sólo problemas. Con esta Carta os animamos a vivir con coraje, confianza, altruismo. En ella, encontraréis un mensaje que quisiéramos transmitir al mundo: “poned el mundo real, que es mucho más apasionante, por encima de cualquier pantalla”. No permitáis la ignorancia: abridnos a nuevos horizontes del conocimiento que valgan la pena ser explotados.

Constatación de hechos, causas y consecuencias

Observamos en nuestra sociedad actual muchos hechos positivos, pero, a la vez, realidades en crisis y que tienen necesariamente que mejorar. Hay carencia y relativización de los valores humanos y trascendentes. Constatamos, con preocupación, que nos movemos por intereses egoístas, por el individualismo, hipocresía, consumismo materialista, culto a la personalidad, popularidad, prestigio social, etc. Consecuentemente, los que gobiernan los estados buscan, casi siempre, sus propios intereses y se corrompen con facilidad; la propia sociedad participa de esta corrupción muchas veces. Hay muy pocas entidades y personas verdaderamente preocupadas por la educación y por que ésta sea realmente integral. No abundan los buenos modelos en la sociedad y tendemos a seguir ideologías o imitar modelos sociales negativos o inadecuados que, lamentablemente, son ampliamente difundidos por muchos medios de comunicación y están centrados en la superficialidad, el hedonismo, la frivolidad, la mentira o los intereses económicos.

Como educandos, reconocemos la labor de nuestras familias, profesores y otras personas que han contribuido a nuestra educación, pero también constatamos que la educación está movida muchas veces por intereses ajenos al desarrollo de la persona, como económicos y políticos; con bastante frecuencia es incompleta, discriminatoria, despersonalizada, marcada por prejuicios, demasiado teórica y enfocada a la vida laboral, que nos hace objetos de consumo y que privilegia a los que más tienen o pueden. Hace falta desarrollar las virtudes.

Sentimos la presión de una educación a la que tenemos que dedicar cada vez más años, que fomenta una excesiva competitividad, genera incertidumbre respecto del futuro laboral, y deja fuera a los que tenemos dificultades o problemas diversos. Por otra parte, nuestros educadores no siempre son modelos a seguir o han renunciado a su papel educativo, no nos dejan expresarnos o no dan espacio a nuestra creatividad. Muchos padres no han sido preparados suficientemente para ejercer y comprometerse con su función educativa, y a veces resuelven sus diferencias de modo poco ejemplar; incluso, quieren dirigir o determinar nuestro futuro, no nos escuchan, no están el tiempo necesario con nosotros o nos sobreprotegen. Muchos padres y profesores no tienen tiempo para escucharnos, porque están centrados en el trabajo. Como consecuencia, muchos carecemos de un espíritu crítico, reflexivo; estamos desmotivados para el estudio y tenemos miedo al futuro; reproducimos las tendencias de moda y no crecemos interiormente.

Como profesores, nos vemos sometidos a directrices estatales. No nos han formado más que para impartir asignaturas y nos exigen centrarnos en ellas y cumplir con los programas académicos; no se nos permite dedicar espacio a la formación en principios y valores. Muchos estudiantes vienen a la escuela con carencias: desmotivación, actitudes inapropiadas, problemas familiares o dependencia de medios electrónicos. Muchos padres renuncian a su función educativa o delegan esta función a la escuela. Como consecuencia, la relación educativa se desvirtúa, cuesta mucho mantener un ambiente de estudio y la calidad del aprendizaje disminuye. La falta de apoyo de las autoridades, de los padres y la poca valoración de nuestra profesión nos fuerza a declinar en nuestro papel formativo.

¿Qué es educar?

Entendemos la educación como un proceso de formación integral y perfeccionamiento de la persona; atiende y desarrolla, por tanto, todos los niveles de su naturaleza: corporal, psíquico y espiritual, partiendo de su riqueza personal y legado cultural, extrayendo lo mejor de sí misma. Prepara para la vida y ayuda a crecer en valores, desde la libertad y la responsabilidad; impulsa su vocación personal y dimensión social; enseña con autenticidad (por la virtud del ejemplo) a convivir en amor y paz; potencia sanas relaciones con la trascendencia, con otras personas y con el medio ambiente, desarrollando el éxtasis de la persona (capacidad de ir más allá de sí mismo). Se funda en modelos que otorgan la máxima dignidad a la persona, siendo el principal modelo Jesucristo. Puede ser formal o informal. Empieza en la familia y continúa durante toda la vida. Son responsables de ella diversos agentes (padres, escuela, sociedad, medios de comunicación, etc.) y la propia persona.

¿Cómo deseamos la nueva civilización?

Deseamos formar una nueva civilización de personas que aspiren a tener una vida plena y con un sentido transcendente, que vivan valores y virtudes que dignifican al ser humano. La humildad y la sencillez favorecen la apertura y deseo de aprender de los demás y permiten que nos edifiquemos mutuamente a pesar de las diferencias sociales y culturales. También nos gustaría que estuvieran más presentes valores como el perdón, la tolerancia, la gratitud, la justicia, la responsabilidad y la actitud de servicio. La fe, la esperanza y el amor son virtudes que se refieren a la transcendencia y son perennes, no queremos que por motivos ideológicos sean excluidas de nuestros ambientes educativos.

Creemos en la importancia de buscar el bien común sin discriminaciones de ninguna clase, haciendo más acogedora a la humanidad y preocupándonos especialmente por los miembros de la sociedad que más lo necesitan a nivel personal y global, porque la educación favorece la superación de las dificultades de los individuos. Apostamos por una cultura a favor del respeto de cada vida humana desde la concepción hasta la muerte natural y de la paz, en la que se resuelvan los conflictos con diálogo, sabiduría y contando con la ayuda de los demás, sin encerrarnos en nosotros mismos y en la búsqueda de nuestros propios intereses, aprovechándolos como oportunidad de aprendizaje.

Queremos formar un mundo donde la persona humana y su apertura a la trascendencia sean el centro, y no el dinero y el consumismo, de tal forma que todas las estructuras constituidas por el ser humano propicien un verdadero desarrollo integral.

Queremos una civilización que busque la verdad e investigue sobre ella: una de las verdades fundamentales que quisiéramos conocer con mayor profundidad se refiere a qué se entiende por dignidad humana, ya que de ello deriva la forma cómo nos tratamos a nivel personal y social.

Deseamos vivir en una sociedad que fomente la cultura, más allá del mero entretenimiento. Nos gustaría contar con gobernantes con vocación, que utilicen bien el poder sabiendo identificarse con el pueblo que representan y buscando soluciones a largo plazo, con sentido transcendente. Deseamos que la información ofrecida por los diferentes medios de comunicación sea objetiva y coherente con la realidad, evitando el exceso de información superflua, y la manipulación para satisfacer intereses particulares.

Educarnos en la fraternidad

La fraternidad es la dimensión esencial del hombre que se refleja en saber convivir con hermandad auténtica, cuidar unos de otros con respeto, sentido de responsabilidad y actitud de servicio, con nuestros talentos y capacidades. Al considerar que toda la humanidad forma una única familia, somos conscientes de que todos somos hermanos, impulsados por el amor y los valores más altos de la vida. Debemos esforzarnos por unirnos más, integrando siempre a todas las personas; fomentando el diálogo–sin dejarnos llevar de los prejuicios– potenciando conjuntamente las virtudes.

En una sociedad radicada en la fraternidad damos prioridad al desarrollo y bienestar de la persona antes que a otros factores económicos y políticos a la hora de definir objetivos en la educación y la formación profesional. Queremos esforzarnos siempre por poner al servicio de los demás lo mejor de nosotros mismos, aprender a vivir la fraternidad por encima de la competitividad, sin perjudicar a nuestro prójimo.

Queremos actuar siempre en la dirección que más nos ennoblezca, reconociendo nuestras limitaciones y superando nuestros instintos y egoísmos. Somos conscientes de que debemos, con esfuerzo, conquistar en primer lugar la paz en nosotros mismos para poder transmitirla a los demás. Queremos vivir la transcendencia con el anhelo de ser más, de amar con generosidad y fidelidad, estando dispuestos a ayudar al otro desinteresadamente.

Educar para la esperanza. Esperamos…

Reavivar la esperanza en nuestra sociedad para que se haga posible un mundo fraterno. Creemos que la vida tiene un gran sentido desde el poder del amor. Queremos tener y mantener un corazón cada vez más limpio, sin buscar la felicidad en lo superficial y animar a otros a hacer lo mismo. Queremos ser jóvenes libres, valientes y seguros de nosotros mismos, superando los obstáculos. Para ello nos comprometemos a buscar el propósito bello y transcendente de la Humanidad y hacerlo realidad en nuestra vida.

Crear una estructura ética, profesional y espiritual que gobierne con valores la sociedad. Nos damos cuenta de que la vida humana es un don y una tarea a la vez, un proyecto libre y responsable para el cual hay que superar límites y barreras. En la educación hay que tener en cuenta que muchos resultados solo se ven a largo plazo, no podemos desanimarnos ante las dificultades.

Tener modelos en los que inspirarnos, convertirnos en referente para las personas de nuestro entorno a fin de ayudarnos con el ejemplo y el testimonio. Deseamos ser personas motivadoras que vean los talentos de los demás y que influyan positivamente en ellos para poder acompañarlos a descubrir su misión realizando también la nuestra. Pretendemos desarrollar la capacidad de autoeducarnos para formar nuestra personalidad, superar la mediocridad, ser valientes y no abandonar el esfuerzo para lograr nuestros sueños y ayudar a otros a conseguirlos.

Mantener una alta expectativa sobre el educando. Es necesario ser tolerantes con las personas, esperar de ellas siempre lo mejor y corregir o guiar con paciencia, amabilidad y sabiduría saliendo de uno mismo. Soñamos una educación que abarque las necesidades e inquietudes de cada persona, interesándose por su realidad, a fin de atender mejor a sus características particulares.

¿Cómo construir juntos espacios de esperanza?

Para lograr construir la civilización del amor seremos perseverantes, fieles a nuestros sueños de fraternidad, valores y principios éticos en el camino del cumplimiento de nuestro proyecto de vida. También seremos siempre coherentes con lo que soñamos, decimos y hacemos en todo momento y lugar.

Nos comprometemos a generar cauces de diálogo y formación conjunta entre instituciones educativas y familias, potenciando el rol de los padres con un apoyo formativo y vivencial. Que, partiendo del respeto creado en la familia, se potencie su rol dentro de la formación integral, trabajando en conjunto educadores y educandos, es decir, toda la sociedad.

Nuestra actividad estará enraizada en un silencio interior profundo para no caer en una actividad frenética llena de pensamientos inútiles. No hacer las cosas de cualquier forma o por interés, sino ser generosos y honestos. Valoramos el buen sentido del humor y la importancia de perdonar con la ayuda del amor y de la fe. Dar lo mejor de nosotros mismos superando el egoísmo.

Nuestra preocupación principal es promover el desarrollo integral de los niños. También queremos ser como niños en nuestra curiosidad por aprender y en la sensibilidad espiritual. Deseamos despertar el yo profundo del ser humano y dar un sentido transcendente a las acciones de nuestro día a día.

Buscaremos educarnos para ser educadores y formadores, transmitiendo amor y pasión desde nuestra propia experiencia con la esperanza paciente de que el fruto, aunque invisible, se dará siempre. Consideramos importante educar en la concreción de cómo vivir los valores en la vida cotidiana.

En caso de que se produzcan injusticias, consideramos que debemos denunciarlas con valentía utilizando los cauces adecuados para lograr el cambio que esperamos. A nuestros educadores también les debemos decir con delicadeza cuando hacen algo que no nos edifica, reconociendo también sus virtudes, explícitamente y con gratitud.

Nos comprometemos a estar informados de la realidad, dedicar menos tiempo a actividades vanas e inútiles y más tiempo a informarnos y formarnos con espíritu crítico. También queremos dedicar más tiempo a los demás a través de actividades de voluntariado o simplemente con una actitud de escucha e interés por el otro.

Queremos difundir, ante todo con nuestro ejemplo, las ideas del PUJ en las distintas instituciones de las que formamos parte, desarrollando en los jóvenes un conocimiento libre de prejuicios que busque formar la civilización del amor. Pretendemos realizar campañas y estrategias comunicativas así como proyectos sociales para difundir el mensaje del PUJ.

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